El Invierno Digital de Chile

Un “invierno de inteligencia artificial” es un periodo de decepción y falta de desarrollo tecnológico posterior a una expectativa incumplida. El primer invierno fue entre 1974–1980 después de que el gobierno de los Estados Unidos cortó el presupuesto la agencia de proyectos de investigación avanzados de defensa DARPA tras una serie de fracasos, y el segundo fue entre 1987–1993 después del abandono del lenguaje de programación LISP.

La pandemia ha acelerado el uso de tecnologías que hace tiempo están disponibles para hacer cosas de forma remota que antes nunca nos hubiéramos imaginado.

En Scale Capital, por ejemplo, hicimos nuestra primera inversión de forma remota. Desde la identificación y análisis del activo, las negociaciones con vendedores, proveedores, empleados y entidades regulatorias, hasta la firma, todo fue online. Fueron muchas firmas en distintos países, desde constituciones de sociedades, aperturas de cuentas bancarias y demás documentación legal. Si bien la operación no tuvo lugar en Chile, muchas de estas firmas se realizaron usando tecnología de firma electrónica chilena.

Imaginemos una situación hipotética de la venta de un activo en Chile (Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia y los nombres de los personajes han sido cambiados para proteger a inocentes).  

Estando fuera de Chile, con las complejidades actuales de traslado y dado que la operación sólo requería un poder simple, lo que redacté, estampé mi firma digitalizada y lo envié por correo electrónico. Todo muy eficiente y sin papeles. Días después el documento fue rechazado por el notario al no tener mi firma manuscrita así que imprimí el documento, firmé de puño y letra, escaneé el documento y lo volví a enviar. Cuando llegó el segundo rechazo decidí sacar la artillería pesada y utilizar la misma tecnología de firma electrónica chilena que había servido para una compleja adquisición internacional. Prueba de vida biométrica, garantías de inviolabilidad del documento, sello de tiempo, nada podía fallar… Tras el tercer rechazo tuve que recurrir a mi hija, experta falsificadora desde temprana edad para firmar alguna que otra comunicación incómoda del colegio, que firmó el poder simple para absoluta satisfacción del notario.  

Chile está hoy en un invierno digital y no es por la falta de tecnología o marco regulatorio sino por nuestra propia incapacidad de adaptarnos. Hace una década el Presidente Piñera dijo que Chile había llegado tarde a la revolución industrial y que no podía llegar tarde a la revolución digital para alcanzar el desarrollo. Estamos llegando tarde no por falta de herramientas sino por falta de flexibilidad y si no somos capaces de cambiar nuestra actitud tendremos que esperar a la próxima revolución a ver si esa no se nos escapa.

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