Las fronteras de la economía digital

En su libro “The Year Without Pants: WordPress.com and the Future of Work”, Scott Berkin describe su paso por Automattic, la empresa detrás de WordPress, responsable del diseño y funcionamiento de una de cada cinco páginas web en el mundo y uno de los 20 sitios de mayor tráfico de internet del mundo.

El libro describe una empresa cuyo proceso de selección de personal no tiene entrevistas, sino que se basa simplemente en entregar a un potencial candidato un proyecto real y ver al candidato en acción. Lo interesante no es el proceso de entrevista en sí, sino que el lugar de residencia del candidato es absolutamente irrelevante. Ante una necesidad de un talento determinado cualquier persona en el mundo puede trabajar en el proyecto y finalmente pasar a ser parte de una organización completamente distribuida enfocada en tener al mejor talento global para sus necesidades.

En su libro el autor cuenta como una organización totalmente descentralizada, sin espacios físicos a los que regularmente vayan sus empleados, usa la tecnología para tener una cultura corporativa, liderazgos claros, empleados comprometidos, una alta productividad y ser tremendamente exitosa. La empresa, por ejemplo, prácticamente no usa correos electrónicos y centra sus interacciones en sistemas de mensajería instantánea y herramientas de colaboración en la nube.

Lo realmente llamativo es que el libro fue escrito hace ya casi una década…

Estamos viendo como las fronteras laborales están desapareciendo y cada vez hacemos más trabajo desde nuestros teléfonos o computadoras, sin embargo, para muchas otras cosas seguimos anclados a nuestro concepto histórico de fronteras.

Para un país, conforme más y más industrias se transforman hacia la economía digital el tema impuestos es un desafío. Hay una tendencia en Latinoamérica de comenzar a gravar las aplicaciones y servicios digitales en función del lugar de consumo de sus servicios en lugar de, o mejor dicho sumado al lugar de sus domicilios tributarios.

En el caso del talento, la regla generalizada es el lugar donde viva la persona. En un mundo donde cada vez más trabajo se puede realizar de forma remota va a ser interesante ver como el talento va a ir migrando en función de calidad de vida y tasa de impuestos.

También va a haber cada vez más empresas buscando talento globalmente lo que implica desafíos para los sistemas educativos y fiscales.

Seguimos diseñando nuestras carreteras físicas para hacer fluir el tráfico hacia los grandes centros de negocios mientras las empresas del futuro son cada vez menos dependientes de tener a la fuerza de trabajo concentrada en un edificio corporativo y cobra más relevancia la conectividad digital.

Seguimos pensando en los ecosistemas de emprendimiento e innovación con mentalidad de fronteras físicas inexistentes en el mundo digital. Corfo continúa limitando sus fondos públicos a un ecosistema limitado y han corrido ríos de tinta sobre si los emprendedores tienen o no la oferta adecuada de fondos en Chile. Es como si las Start-ups de Rhode Island se quejasen de la industria del capital de riesgo de su estado cuando la concentración de fondos está en California o Nueva York.

También está el desafío de la brecha existente entre la cultura de trabajo que aún sigue imperando en la mayoría de Latinoamérica del cafecito y el almuerzo en contraste con una videollamada con objetivos claros y horas de inicio y termino prefijadas. Son productividades radicalmente diferentes.

Lo que no va a reemplazar el mundo digital son la necesidad de relaciones sociales. Hasta los equipos que trabajan todo el año en remoto tienen encuentros periódicos y hay conversaciones para los que el factor humano es fundamental.

El desafío es adaptar nuestras empresas y sociedad a esta nueva realidad y hacerlo rápido porque la batalla por el talento ya no está en las tres principales universidades del país sino que se ha vuelto global.

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